El visual kei siempre a sido algo misterioso, hermoso y enigmático, cuando se habla de visual kei pueden venir a nuestra mente nombres como el de Mana sama, Hide, Yoshiki, Atsushi Sakurai etc, etc, pero hay alguien que se mueve bajo un perfil bajo y ese es…

Shō Kiryūin, el es ese tipo de artista que parece entrar al Visual Kei con una sonrisa medio burlona… y salir con un concepto completamente nuevo bajo el brazo.
Como vocalista de Golden Bomber, podría haber seguido el camino típico del género, lleno de virtuosismo en escenario y dramatismo calculado, pero prefirió girar la brújula hacia otro lado. Él escribe las, canciones, compone, construye la identidad musical de un proyecto que nació siendo una burla al visual kei, y luego convierte el escenario en algo más cercano a una obra absurda que a un concierto tradicional, por qué a pesar de disfrutar los temas que puedan interpretar «entre comillas literal» siempre te llevas una buena carcajada. Y aun así, o quizá por eso mismo, funciona.
Golden Bomber es famosa por ser una “air band”, una idea que en papel suena a broma interna que se salió de control. No tocan instrumentos en vivo, el show está lleno de momentos ridículos, coreografías caóticas y situaciones que parecen improvisadas. Pero en medio de todo eso está la voz de Kiryūin, sosteniendo el espectáculo como si fuera el único hilo serio dentro de una comedia cuidadosamente construida. Porque sí, hay humor, pero no es descuido y esa es su intención.
Lo interesante de todo esto es cómo juega con ese contraste ya que ouede escribir algo completamente exagerado, casi paródico, y segundos después llevarte a un terreno emocional bastante honesto.
Esa dualidad es su zona de confort. No necesita elegir entre ser gracioso o ser sincero, porque hace ambas cosas al mismo tiempo sin pedir permiso.
Esa versatilidad también se hace evidente cuando sale de su zona habitual. En 2012 participó en el mundo del tokusatsu con “Life is SHOW TIME”, tema principal de Kamen Rider Wizard. Ahí no hay sketch, no hay caos escénico, no hay guiños evidentes al absurdo, Es una canción directa, energética, con ese aire heroico que exige la franquicia y funciona bastante bien. No suena como una parodia, ni como un experimento raro, suena como alguien que entiende perfectamente el contexto en el que está trabajando y decide adaptarse sin perder su esencia.
Por otro lado, su cercanía con la estética del Visual Kei más clásico también se deja ver en su relación con Mana y el universo de Moi-même-Moitié. No es una colaboración formal ni un rol fijo dentro de la marca, pero sí existe una conexión clara. Kiryūin ha mostrado afinidad por ese estilo, ha tenido interacciones con Mana y ha adoptado en ciertos momentos esa estética gothic lolita y aristocrat que tanto define una parte del género. No se siente como un intento forzado de encajar, sino más bien como alguien que entiende de dónde viene todo esto y decide jugar con esas referencias a su manera.
Fuera de Golden Bomber también ha explorado otros formatos, desde proyectos en solitario hasta radio y publicaciones escritas, lo que termina de dibujar el perfil de alguien que no se limita a un solo rol. No es únicamente un vocalista, es un creador que entiende el entretenimiento como algo flexible, algo que puede mutar dependiendo del contexto sin perder coherencia.
Al final, Shō Kiryūin no encaja del todo en la idea clásica del Visual Kei, y probablemente nunca quiso hacerlo. Prefiere moverse en esa línea extraña donde lo ridículo y lo genuino conviven sin estorbarse. Puede hacerte reír, puede bajarte de golpe a algo más emocional, o puede simplemente dejarte pensando en qué acabas de ver. Y en un entorno donde muchas propuestas buscan tomarse demasiado en serio, él encontró su lugar haciendo exactamente lo contrario… pero haciéndolo bien.





